La felicidad se halla en el secreto de ser útil,
solía afirmar Haydée Santamaría Cuadrado, protagonista de la última etapa de
lucha por la independencia en Cuba, y de un hecho excepcional que devino inicio
de la fase final en ese combate, el asalto al Moncada, quien figura por derecho
ganado con trabajo revolucionario, dolor y sufrimiento infinitos, en la lista
de mujeres heroicas de Cuba.
Útil fue su servicio a la causa desde que con el
golpe de Estado de Fulgencio Batista, el 10 de marzo de 1952,
percibió que “lo más importante era no admitir aquello que se nos había
impuesto” y abrazó las ideas martianas, junto con su amado y entrañable hermano
Abel, con quien compartió inquietudes y quehacer político. La influencia causada en ella por Fidel
Castro Ruz fue tal, que desde el momento de conocerlo le profesó una confianza
ilimitada y comprendió que con él “todo empezó a hacerse posible”.
Acudió al asalto del Moncada el 26 de julio de 1953 como “enfermera” en
el grupo que designaron para apoyar el ataque desde el hospital Saturnino Lora,
bajo la dirección de Abel.
Al fracasar la acción, fue detenida y cumplió prisión. Cuando salió continuó la lucha en la clandestinidad. Una de las tareas desarrolladas fue tomar parte en la divulgación del alegato de Fidel cuando el juicio a él celebrado por los hechos del Moncada, conocido como La historia me absolverá.
En un relato aparecido en la revista Bohemia en julio de 1962, diría: “Fui
al Moncada con las personas que más amaba. Allí estaban Abel, Boris (Luis Santa
Coloma), su novio; Melba (Hernández), la otra mujer participante de los hechos,
y estaba Fidel…” Y agregó que pensaba: “en Fidel que tenía que estar vivo para
hacer la revolución”.
Integró la dirección del Movimiento 26 de Julio, al
efectuarse su reunión constitutiva, a la salida de los moncadistas de la
cárcel, en 1955, y sobresalió como
combatiente clandestina y guerrillera en la Sierra Maestra.

Amante de la naturaleza, del sol y las palmas de su
país, fue tan profundo el impacto
causado en ella por la desaparición del Che, que en una carta que le escribiera
después de asesinado, pone de manifiesto su exquisita sensibilidad y calidad humana:
“Cómo decirte que nunca había llorado tanto desde la
noche en que mataron a Frank (País), y eso que esta vez no lo creía”.
Yeyé, como la llamaban sus allegados,
permanece en la memoria de los cubanos
como ejemplo de la tradición de lucha de la mujer cubana. En el aniversario 55 de la Federación de Mujeres Cubanas -23 de agosto- recordarla es rendirle merecido homenaje.